Tribulación, crisis, inseguridad, violencia, guerras han existido desde que la historia recoge los hechos e hitos del Hombre y la construcción de reinos, gobiernos y tipos de civilizaciones. Para que un Tiempo o Era sea calificado de un “fenómeno global”, sus efectos deben comprender a todo el planeta e involucrar el desarrollo humano en una crisis general, marcando cambios que diferencien épocas y alteren condiciones de vida. Sucede cuando el viejo sistema está en decadencia y ya no entrega respuestas, y el nuevo modo de vida aun no está claro y apenas se vislumbra. Esa transición es llamada ‘Tiempo de Tribulación’.
Tribulaciones y saltos de desarrollo se han dado y comprobado en términos locales, en naciones o continentes. Aun así, esos eventos parciales no definen que ‘el Tiempo’ (para toda la humanidad) sea de tribulación. Un ‘Tiempo’ o ‘Era’ para que sea tal debe involucrar al planeta y a la humanidad en su conjunto.
Hoy, la crisis climática es global y de gravísimas consecuencias planetarias; la institucionalidad que sostenía naciones, órganos internacionales y estructuras religiosas está en evidente decadencia, carentes de respuestas e infiltradas por la corrupción; la emigración no es asunto local o parcial: asistimos al desplazamiento poblacional más masivo y generalizado registrado por la historia conocida; la inseguridad provocada por el crimen internacional organizado, con respaldos económicos subterráneos potentes y globalizados, es un fenómeno que afecta al mundo y no tendrá solución en un solo país hasta que no se enfrente como fenómeno integral y mundial; hoy, la guerra es un estado latente y permanente, cuya amenaza nuclear o de confrontación con nuevas tecnologías amenaza al mundo con un modo de exterminio nunca antes experimentado.
Paralelamente a este estado de situación en el mundo, la ciencia hace avances realmente revolucionarios, como ha sido también la enorme información sobre el universo y nuestro entorno cósmico, rompiendo límites y paradigmas… obligándonos a mirarnos como humanidad en forma mucha más humilde y realista.
Del mismo modo asistimos al Salto Tecnológico más acelerado de nuestra historia moderna.
Todo esto nos involucra a “todos en esta Tierra”, y ningún fenómeno es parcial o restringido solamente a un grupo de países.
Hoy, TODOS PODEMOS VER, PODEMOS OIR Y PODEMOS INFORMARNOS.
Este conjunto de hechos y constataciones globales posee una salvedad única, que hace la gran diferencia: que todos podemos ver, oír e informarnos. Aquello que sucede en el planeta es ahora un asunto de todos y de cada ser humano.
Esta excepción es la característica principal que define a este Tiempo de Tribulación.
Desde la visión espiritual Crística, asistimos al agotamiento de un tiempo de ‘Rehabilitación’ concedido por el Plan de Cristo para que el Ser Humano asumiera en conciencia y coherencia la plena Salvación.
Demostrado ha quedado en casi dos milenios que la religión humana y las interpretaciones mundanas del rol del Cristo Dios no han comportado un cambio evolutivo o un salto espiritual en el Hombre.
De acuerdo con esta realidad objetiva podemos concluir:
Que este Tiempo de Tribulación actual es una franja de Transición que define el agotamiento de las creencias y formas mundanas de entender la fe, y nos coloca ante el desafío de asumirnos Espirituales antes que Carnales, y concebirnos habitantes de este planeta con deber de sana administración y ya no como depredadores.
Que la Tribulación revoluciona y altera los esquemas y dogmas, y llama a que la Persona se Asuma en Virtud, Coherencia de Fe y Espiritualidad.
Que ahora debemos liberar a Cristo de las ideas profanas, políticas, sectarias e incluso contrarias a su mensaje y enseñanza.
Que este Tiempo de Tribulación es una oportunidad para liberarnos de las viejas cadenas de la apostasía religiosa, y hacernos libres en la Verdad del Cristo Vivo.
Que no saldremos de este Tiempo de Tribulación por medio de la política, de la violencia, la guerra, o nuevos modos de esclavitud, y mucho menos por la enajenación tecnológica que nos retrocede en inteligencia y capacidad para discernir. Saldremos con Poder Espiritual, con Poder de Fe, con alianza de Poder con Cristo Dios.
Que este Tiempo de Tribulación debe constituir la gran prueba de fe para quienes ahora postulan a la más alta espiritualidad.
El Nuevo Hombre, el Humano distinto y superior, solo se logrará por alta espiritualidad, por coherencia de fe y en alianza férrea con la divinidad del Cristo Vivo.
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